Todo lo que es el chorizo abajo de la nalga
En numerosas ocasiones me he encontrado diciendo que en mi adolescencia pasé por un Trastorno de Conducta Alimentaria (lo pongo así porque muchas veces digo TCA y nadie lo entiende). Mi anécdota generalmente inicia por el final, el momento en el que mi mejor amiga fue a hablar con mis viejes para decirles que me veía enojada y que creía que la razón era mi falta de alimento. Después pego un salto dramático y cuento el inicio: todo lo desató una charla con mi Madre y mi Abuela en el living de lo mi Hermana. Estaría bueno que te cuides más con la comida. Que te cuides. Porque la comida te puede hacer daño.
Este cuidado, que escondía los dolores de la gordofobia aplicada en el cuerpo de mis ancestras, estaba presentado como Salud. Claramente en ese momento la gordofobia no tenía un nombre y se carecía de conocimientos sobre el tema. Lo decimos por tu bien, por tu Salud. Pesaba 61,2 kg y quizás medía dos centímetros menos que ahora. Ni hasta el IMC te da mal. Recuerdo ese 61.2 porque estaba escrito en la hoja final de uno de mis cuadernos, como encabezando la página con un marcador negro. Algo así como al 61.2 no se puede volver.
Dejar de comer, comer más verduras, frutas, hacer ejercicio, mirar las estrías, la celulitis, mis cachetes. Joder mis hormonas. Dejar de menstruar. Bajar de peso, mucho, 10.8kg para ser exactos. Nunca era suficiente, el chorizo de grasa que se forma debajo de la nalga como un flotadorcito para ayudarlo a que no se caiga, seguía ahí. Y eso me frustró, como todo lo que me parece imposible de cambiar. Imposible de controlar. Noches pensando en cómo hacer para sacarlo, para liposuccionarlo, empezar a hacerme masajes, buscar respuestas en internet. Tiempo, mucho tiempo dedicado en una parte de mi cuerpo que sentía deber erradicar.
Los TCA son complejos y están más escondidos de lo que pensamos. Asumir y reconocer que había vivido y estaba atravezando una recuperación de TCA me llevó años. A ver, encierran mucho más que el ingerir o no ingerir alimento. En un momento muy constitutivo de mi ser aprendí que era necesario ocupar mi energía y mi tiempo preocupandome por como me veía, por qué era lo que comía y por lo que eso le hacía a mi cuerpo. Andá a destruir esos patrones de pensamiento y de accionar cuando la respuesta externa es de validación y admiración.
Hoy me dieron ganas de hablar de esto porque me quemé con el sol en mis nalgas de una forma muy graciosa y lo vi ahí, existiendo. Quiero decir que tengo las nalgas así porque fui a la playa y me bañé. Pude usar una malla y disfrutar del momento. Hoy puedo decir felizmente que el chorizo abajo de mi nalga no me impide ir a jugar a las olas y que, aunque a veces se me salte la chaveta, estoy bastante mejor con mi relación con la comida. Hoy puedo comprender como los mandatos de delgadez extrema, de tonicidad, de juventud eterna nos afectan a la gran mayoría de las personas, aunque es cierto que las mujeres y disidencias somos quienes sufrimos más TCAs. Y honestamente me preocupa, me preocupa lo poco que se habla de este tema y lo mucho que se naturaliza. Me preocupa que quede como una epidemia adolescente y se culpe al tiktok cuando es algo que venimos sufriendo hace años, que no tiene edad y que afecta a todo tipo de cuerpos. Se que no digo nada nuevo, pero veo como la cultura del Wellness disfraza de autocuidado y autovaloración conductas dañinas, no solo en cuanto a los hábitos alimenticos, si no también en cuanto a lo psicológico y social. Obvio que aguante comer verduras y tomar awita, pero cuestionemos de donde viene la información y actuemos desde la consciencia de que todos los cuerpos tienen necesidades diferentes. Que también hay comida que nos nutre en términos biológicos y otras emocionales y ambas tienen que existir.
El verano es difícil para muches, para mi lo es también. Tantas pieles hermosas chocando con el aire. Seamos amables con nosotres mismes, con nuestras cuerpas. Tomemos aguita, comamos rico, escuchemos nuestro deseo. Y cualquier cosa, estamos acá - hay más gente dispuesta a entenderte de lo que crees.
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