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Querides lectores: Los finales

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Querides lectores: Hoy les hago esta carta porque necesito decirles que yo también me doy cuenta de que me cuestan los finales. No es una cosa solo de la escritura, me cuesta cerrar acciones, ciclos, relaciones. Todo tiene que ser abierto o cerrar de formas truncas, no me sale otra y me niego a caer en el: y se despertó con su propio grito en una cama bañada de sudor. Los finales son extraños ¿cuándo sabés que algo realmente se termina? Asumo que cuando se le pone una moña de cierre y una dice: a la pipetuá , me zarpé. Lo logré. Se terminó.  La rompí brother. Para todos los contra. Honestamente me ha pasado pocas veces, pero esas son de las más liberadoras. Es como lograr el todo, como si el círculo se cerrara y aunque no saliera redondo, las puntitas se llegan a  tocar y todo queda más o menos en el lugar que siento que tiene que estar. Los puntos se conectan. En mi vida, he experimentado esa esa sensación de no quiero que este libro se termine , no quiero que esta historia ...

Ser todo lo que no sos vos

Estaba sentada en frente a la ventana que daba al patio del fondo. La ventana era de lo mejor que tenía su casa nueva: se abría con postigos para afuera y dejaba bañar de verde todo su cuarto de huespedes. Hacía bastante que nadie iba a quedarse pero insistía en llamarlo así. Ella lo usaba para sentarse en la ventana y mirar, escribir, tomar café. Para esos momentos en los que una cuando se da cuenta de que romantizar la vida y vivir como en una película es posible. Miraba al verde y el verde la miraba a ella, haciéndola entrar en si misma, como un tubo frondoso donde solo pasaba quién se animara a profundizar en las junglas internas. Ahi estaba, metida entre sus ramas y ramificaciones, cuando el verde se empezó a secar. Las plantas ya no vibraban ni le sonreían, eran de un verde sequía que es más amarillo que verde, pero que tienen la vida clorofílica escondida dentro. Generalmente no se animaba a entrar ahí, desde niña, en los momentos de sequía, lloraba abrazada a su mamá porque ya ...

Lo que es el chorizo abajo de la nalga

En numerosas ocasiones me he encontrado diciendo que en mi adolescencia pasé por un Trastorno de Conducta Alimentaria (lo pongo así porque muchas veces digo TCA y nadie lo entiende). Mi anécdota generalmente inicia por el final, el momento en el que mi mejor amiga fue a hablar con mis viejes para decirles que me veía enojada y que creía que la razón era mi falta de alimento. Después pego un salto dramático y cuento el inicio: todo lo desató una charla con mi Madre y mi Abuela en el living de lo mi Hermana. Estaría bueno que te cuides más con la comida . Que te cuides. Porque la comida te puede hacer daño. Este cuidado, que escondía los dolores de la gordofobia aplicada en el cuerpo de mis ancestras, estaba presentado como Salud. Claramente en ese momento la gordofobia no tenía un nombre y se carecía de conocimientos sobre el tema. Lo decimos por tu bien, por tu Salud. Pesaba 61,2 kg y quizás medía dos centímetros menos que ahora. Ni hasta el IMC te da mal. Recuerdo ese 61.2 porque es...

Hoy es martes

Hoy es martes, nada que ver.  Hoy es martes, elijo ir a comprar fruta seca a La molienda porque es más barato. Y tengo itaú.  Hoy es martes y este año tomé la decisión de crear algo, grande o chiquito, todos los días. Hoy es martes, no domingo. Hoy es martes, vos llegaste y te pasaron mil cosas. Bueno, en realidad ni llegaste aún y mañana vas a ir a trabajar, seguramente sin una clase preparada y con un teléfono nuevo de 80 euros. Hoy es martes y las dudas del futuro me atormentan.  Hoy es martes, el martes en el que descubrí que atormentar viene de un instrumento de tortura llamado tormentum. Tiene la misma etimología que tormenta. Obviamente por eso lo busque. Hoy es martes, donde el tormentum se vuelve mi propia mente y el corazón que me galopa y me tira para lugares que yo no espero. Ni quiero. O en el fondo si quiero pero manifestar el deseo es raaaaro. Mi hermana me manda reels de ser honesta a una misma, pero cuando la honestidad se llena de nubes y se vuelve tor...

VERA

Cartones apilados en la esquina, el recordatorio inmovil y polvoriento de lo que es necesario desechar. No recuerda hace cuánto están ahí, así como tampoco recuerda cuando fue la última vez que alguien vino a visitarla. Su casa era su pequeña guarida y solía manterla limpia para ella misma. Años de vivir con su madre y su abuela le habían enseñado que, no solo las visitas pueden llegar cuando menos las esperás, si no que hay que mantener la casa en condiciones para una misma: la cocina limpia para cocinarse, un living ordenado para generar otras posibilidades y la cama tendida para una sensación de bienestar general continuo. Atravesar la incomodidad como muestra de amor propio para terminar con las necesidades de control satisfechas.  Las cajas personalmente no le molestaban, así que se irían cuando permitiera entrar alguien a su espacio. Tarea dificil. Si se lo preguntaban, le costaba admitirse como una persona sociable más allá de un círculo cercano y de ese círculo, sólo muy po...

En un transcurso

Miró para afuera con un pesar hondo en el cuerpo. Una sensación de desemboque, de cansancio virtual. Las cosas venían pasando tal como las imaginaba. Los trabajos llegaban lentamente y aunque la inestabilidad fuera la constante, llevaba la calma de quién ama lo que hace. Se miró a si misma en el vidrio del auto que la llevaba por la ciudad y vio las ojeras y los pómulos altos acompañar una sonrisa al revés. ¿Qué estaba pasando?  Su amiga iba atrás aparentemente fascinada con un TikTok porque no paraba de reproducirlo sin parar. O quizás estaba viendo muchos videos del mismo trend. No sabía como funcionaba TikTok pero tenía sentido que pudieras ver todas las versiones de un mismo trend juntas y así elegir cuál era que te gustaba más para compartir o ponerle me gustas, algo que ella se negaba a descubrir empíricamente. Miró al chofer que le devolvió la mirada de reojo, la complicidad instantánea. ¿Qué andas amiga? Nada, me colgué mirando boludeces. Boludeces. Me colgué mirando bolud...

Se largó

Se largó, dijo mi papá y el fondo sonoro comenzó a envolvernos dentro de una cortina suave. La preparación previa a la lluvia en la casa de mis viejes tiene que ver con descolgar la ropa de las cuerdas, ponerlas en sillas y prender la estufa. A su vez poner palos al reparo. Esta tarea es mi favorita, siento como si mi vida por un instante tuviera que ver con la tranquila prisa de mover palos de lugar. Leña. Como si mi vida tuviera algo que ver con la leña.  A papá le duele el tobillo y yo soy algo así como su che piba. Hay una melancolía que ronda por el living y que dos por tres te pasa por el pecho, o las cienes. Venir al pueblo tiene siempre una cuota de melancólico. Aunque también hay paz. Mezcla entre melancolía y paz. Recuerdo cuando era niña y se preparaba la lluvia, cualquier tarde de invierno donde todo se ennegrecía, los rugidos se acercaban de a poco y sacábamos del cajón de los medicamentos las velas de apagón (que después fueron velas de cumpleaños, pero esa ya es otra...