Querides lectores: Los finales

Querides lectores:

Hoy les hago esta carta porque necesito decirles que yo también me doy cuenta de que me cuestan los finales. No es una cosa solo de la escritura, me cuesta cerrar acciones, ciclos, relaciones. Todo tiene que ser abierto o cerrar de formas truncas, no me sale otra y me niego a caer en el: y se despertó con su propio grito en una cama bañada de sudor.

Los finales son extraños ¿cuándo sabés que algo realmente se termina? Asumo que cuando se le pone una moña de cierre y una dice: a la pipetuá, me zarpé. Lo logré. Se terminó. La rompí brother. Para todos los contra. Honestamente me ha pasado pocas veces, pero esas son de las más liberadoras. Es como lograr el todo, como si el círculo se cerrara y aunque no saliera redondo, las puntitas se llegan a  tocar y todo queda más o menos en el lugar que siento que tiene que estar. Los puntos se conectan.




En mi vida, he experimentado esa esa sensación de no quiero que este libro se termine, no quiero que esta historia concluya por esa necesidad de más, como si no pudiera soltar la posibilidad de los sucesos. Como si quisiera seguir perteneciendo al mundo de la historia, a ese estar que una vez experimenté. Es que hay algo que las buenas historias tienen y es que más allá de que se hayan terminado, es imposible escaparte de lo que te lega emocionalmente. Es el recuerdo. Es la sensación de que el mundo es más grande ahora que probaste ese sentimiento. 

Si soy sincera, tiendo muchas veces a olvidarlo. Lo recuerdo cada vez que veo a alguien que me implica un pasado hipotéticamente cerrado: la emocionalidad sigue habitando los encuentros. Las historias nunca están finiquitadas del todo, porque estamos vives, porque relatamos nuestros cuentos y seguimos en constante reinvención. A ver, esto no quiere decir que quiera volver a lo que viví, es más un recordatorio de que nada importante realmente se termina. Recordatorio para no temer a cerrar. 

Junto con esto, ayer terminé una novela que es parte de una trilogía y obviamente el final habita en el limbo del cierre y de la apertura. El epílogo fue larguísimo, no se si considerar el epílogo como parte del final, pero me aburrió al punto del esfuerzo. El libro en cuestión me generó muchos sentimientos. Hacía demasiado tiempo que no leía una novela que me atrapara como me atrapó esta y sirvió como confimación de que mi mente aún tiene la capacidad para entrar en un relato así y querer seguir profundizando. Es una alegría poder navegar las páginas sin distracciones, sin necesidad de agregar algo más. 

A veces me siento sola en la lectura, con poca gente para comentar lo que estoy leyendo. Quizás tenga que armar un club de lectura - ojo, si tenés ganas escribime. Ah re, a la corta armaba un club de lectura. Bueno, creo que sería un planazo. Todo esto lo escribo mientras lo pienso, un poco es como escribo, así que abracen.

En fin, me cuestan los finales y me doy cuenta, quería que lo supieran porque me gusta compartir desde la honestidad con las poquitas personas que leen esto. Pero más que nada para justificar mi inconsistencia. Muchas veces me genera rechazo la gente que se justifica pero... lo estoy siendo, que decir. Estoy laburando en mejorar los finales, como el final de esta carta. Voy a cerrar con un moño



Feliz febrero :)
Besos, Ali

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