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La bola luminosa

Se sienta. Se para. Va a poner el agua para el mate y de paso lo deja hinchando. No entiende muy bien como funciona este mate metálico, no le pertenece pero cree que le puede encontrar la vuelta en estos días de visita. La caldera no hace ruido, nunca hizo ruido. Ayer le contaron que la tienen desde que se casaron y que jamás utilizaron la tapa que chifla para avisarles que el agua había llegado a su punto. A veces se pregunta por qué sus padres toman estas decisiones aleatorias, pero cuando se mira para adentro descubre que ella también está llena de decisiones aleatorias. Defiende sus por qué con una convicción fascinante, al menos para el resto, ella sólo las nombra. Se ha encontrado numerosas veces con personas que confían plenamente en lo que dice, en los consejos que da, especialmente cuando habla de la cocina y de medicina (la cocina medicina es un tema que le interesa pero sabe que aún no está disponible del todo para adentrarse, las modificaciones culinarias encienden viejas ...

Blandengues, o la decisión de la nada

Alberto es blandengue. Desde que con el liceo fueron al mausoleo de Artigas se fue gestando en su ser el deseo de ser uno de esos hombres serios, vestidos de trajes llenos de placas y brillos. Es más, fue al colegio militar para serlo. Al contrario de lo que muchas personas creen, él encontraba algo placentero en la quietud estática de la verticalidad. “Antes de estar acostado mirando Netflix, prefiero quedarme parado solo” decía. Cada vez que lo criticaban él encontraba la forma de salirse con la suya, dependiendo con quién utilizaba cada respuesta: a les más hippies, les decía que era su forma de meditar, a los fans del gym les decía que era su forma de hacer ejercicio, que sacaba músculos en las piernas y en los glúteos, o inventaba que se ponía auriculares invisibles y escuchaba audiolibros cuando hablaba con les intelectuales.  Así fue complaciendo a todo el mundo, haciéndoles comprender que ser blandengue tenía muchas virtudes. Pero en realidad, a él solo le generaba placer...

Algún día volver a comer sushi

Se sentó en la mesa del comedor y miró para afuera. Decidió escuchar los pajaritos que cantaban en la plaza. El sonido de los pajaritos la hace feliz. Lo sabe porque le recuerda a su hogar. Lo sabe porque aquel día a las 6 de la mañana, se dio cuenta de que los motores tapan la belleza constante sonante de la naturaleza. Extrañó su hogar. La llamó su compañera de casa y le preguntó si quería jabón para lavar la ropa, que se estaba terminando. ¿Cómo se va a estar terminando? pensó. Su compañera usa demasiado jabón, pero al mismo tiempo, es la que más lava la ropa. Por esto no sé cuánto jabón queda, se dice a si misma. Convivir. Hace otra cosa que es sacar los pelos de la rejilla del baño y lo tira en el water pero no los descarta. Siempre quedan bollando los pelos porque ella no lo descarta. Qué asco hacer pichí arriba de pelos enmarañados, pensó, tengo que hablar con mi compañera. Qué asco. Qué asco no tener nada para hacer. Qué asco ser una sedentaria. Qué asco no darse tiempo para si...

Correr

Hace dos días que no tengo hambre, es más, algunas cosas me dan nauseas. Quiero pensar que es la resaca del jueves, resaca de Fernet o del pedazo de chorizo que comí para hacer un chiste y me costó una quemadura con pielcita en el paladar. Se que no es algo embarazoso ni nada de eso, el sexo no ha sido mucho últimamente, casi nulo post mi última menstruación. Quizás tenga que ver con el reconocimiento de lo que quiero y no ingerir, o haya algo que me esté costando pasar por el cuerpo.  Otra vez volver al cuerpo y lo que no se puede digerir. Desde que escuché aquel podcast, pienso que a veces me gustaría tener a mi familia más cerca, a mis amigas en mi casa y mi confianza en crear algo. Mañana tengo una jornada larga de rodaje y hay muchas ideas en mi mente, ideas de insuficiencia e ideas de comparación. Y ahí está la verdadera vuelta de las cosas. Pero son todo ideas. Todas son todas ideas Las ideas Para algo voy a terapia. Mi última sesión de terapia fue un viaje Hoy estuvo fuerte...

Mails

Nos mandábamos mails. Él me mandaba mails y yo respondía. Él tenía una lírica envidiable y yo usaba muchos signos de exclamación. Aún lo hago.  Él hablaba de tiempos, de comienzos, de compañía. Él me regaló el libro del Crandon cuando cumplí 18. Él me propuso para ser novies de una forma increíble, porque yo se lo había pedido. Él me miró todo azul, yo era toda azul.  Él, más que mi novio, fue mi hermano. Así de incestuoso como suena, fue una certeza feliz que me acompañó en los años donde duelen más las cosas, donde yo estaba pendiente de otras cosas.  Hoy en día leo el mensaje que me escribió para mi cumpleaños y pienso, él se va a acordar de lo mucho que me importa.  Como sea, como siempre. PD: "No te voy a avisar que te escribí un correo, por el simple hecho de que el tiempo va a decir cuando tenes que leerlo, yo no tengo apuro, como nunca lo tuve contig o."

Hoy voy a hacer cosas

 Decía

Cosmovisión

De partes recortadas trozos que me componen Me siento incapaz de reconocerme entera Me pide, me requiere que lo mueva, que coma que baile, salte y cante Que lo vea, ya no por partes de otres que no son yo Que lo sienta mío,  que sea yo también. Percibirme una,  dejar de hablarme en tercera persona dejar de sentirme mal cuando usan mi nombre completo es mi nombre es mi cuerpo es mi voz son mis deseos son mis demonios Ser entera, verme entera